Enviado: Sábado, 6 de abril de 2002

Asunto:  Domingo de la Divina Misericordia

 

 

CIUDAD DEL VATICANO, 4 DE ABRIL DE 2002. Esta tarde, se hizo pública, la
carta del Papa Juan Pablo II al Cardenal Angelo Sodano, Secretario de
Estado en la cual, le pide a toda la Iglesia que el próximo domingo, 7
de abril, el domingo de la Divina Misericordia, se ore por la paz en el
Medio Oriente. A continuación, se encuentra el texto de esa carta.

La situación dramática en Tierra Santa me induce, a que una vez más,
haga un llamado urgente a la Iglesia entera, pidiéndole a todos los
creyentes que intensifiquen sus oraciones, para aquellas poblaciones que
están siendo laceradas con medios de violencia, jamás escuchados.
Precisamente, en este periodo, en el cual los corazones de los
Cristianos voltean hacia los lugares en los que el Señor Jesús sufrió
tanto, murió y resucitó, recibimos las más trágicas noticias, que se
suman a la creciente consternación de la opinión pública, provocando la
impresión de una interminable tendencia hacia la brutalidad inhumana.

En vista de la obstinada determinación con la cual, ambas partes,
continúan avanzando por el camino de la represalia y la venganza, lo que
queda a las angustiadas almas de los creyentes, es la esperanza de
recurrir a la oración al Único Dios que, Solo, puede cambiar los
corazones de los hombres, aún de los más intransigentes.

El próximo domingo, 7 de abril, la Iglesia celebrará con fervor
especial, el misterio de la Divina Misericordia, y le dará gracias a Él,
Quien tomó sobre Sí Mismo, las aflicciones de nuestra humanidad. ¿Cuál
puede ser la ocasión más conveniente para elevar al Cielo una invocación
coral de perdón y misericordia, implorando al Corazón de Dios, una
intervención especial para todos aquéllos que tienen responsabilidad y
poder, para llevar a cabo los pasos necesarios - sin importar lo que
cuesten - para poner a las facciones en lucha, en el camino hacia
acuerdos justos y dignos para todos?.

Por lo tanto, querido hermano, estaré muy agradecido si puedes ser el
intermediario, de la manera que pienses sea más oportuna, para comunicar
este deseo mío a los pastores de las diferentes Iglesias particulares,
invitándolas a todas a ofrecer, el próximo domingo, una súplica
unificada, en esta hora tan preocupante para toda la humanidad. Que un
mensaje de paz, estable y duradera, alcance esa tierra que es tan
querida por las tres religiones monoteístas.

Con esta esperanza, que viene de lo más profundo de mi corazón, te
envío, al igual que a todos mis hermanos en el Episcopado, una bendición
apostólica especial."



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